Años: 1912 - 1924
Problemas logísticos continuaron rebajando el tenis olímpico en Estocolmo 1912. Se acogieron eventos Indoor y Outdoor y se añadió una competición de dobles mixtos a cada una de ellos, pero el de outdoor coincidía con Wimbledon con lo que ningún jugador británico, francés o americano viajaron a Suecia, al menos los jugadores masculinos.
El interés en el evento Indoor (cubierto) era tal que incluso miembros de la familia real sueca, benefactor del deporte en sus años de desarrollo, atendieron a los partidos en las pistas reales. Los espectadores hicieron cola durante horas para encontrar asiento, incluso en las vigas del estadio.
Hubo una sorpresa en la semifinal masculina de individuales cuando el británico Charles Dixon derrotaba al neozelandés Anthony Wilding en cuatro sets. En la final, Dixon no pudo contra el francés Andre Gobert, que se llevaba el oro en tres sets 86 64 64.
La británica Edith Hannam ganó el título de individuales femenino sin perder un set, pero solo tuvo que jugar 3 partidos entre 8 participantes. Hannam venció a la danesa Sophie Castenschiold 64 63 en la final.
Una ola de calor azotaba Suecia ese verano y los sudafricanos destacaron bajo el sol abrasador. No solo estaban acostumbrados a jugar en condiciones tan extremas pero también su fuerza física y destreza llevó a Harry Kitson y Charles Winslow a jugar el partido más memorable de la competición. Winslow recogió la medalla de oro tras ganar en cuatro sets75 46 108 86.
La francesa Marguerite Broquedis consiguió burlar la resistencia de la alemana Dorothea Koring que sucumbió 46 63 64 en una épica final.
La Primera Guerra Mundial (1914-18) forzó un parón en los Juegos Olímpicos en 1916. En 1920, todo el mundo se reunió en Antwerp, aunque no hubo mucho tiempo para el Comité Belga para organizar un muy improvisado evento.
En mayo 1920, el servicio inaugural fue impuesto en Catedral de Antwerp para recordar a todos los atletas que perdieron la vida por la cruel hostilidad vivida. La Ceremonia de apertura de los Juegos incluyó, por primera vez, un juramento público de todos los participantes. Fue también el nacimiento de la bandera olímpica con el emblema de los anillos.
A pesar de las dificultades logísticas, los Juegos 1920 fueron exitosos aunque solo fuera porque re establecieron firmemente la institución. Las condiciones aún eran bastante diferentes de los estándares actuales. Los 30,000 espectadores eran muy ruidosos y las facilidades muy espartanas. No había agua caliente o toallas, por poner un ejemplo.
Surgieron nuevas naciones tenísticas como Checoslovaquia y España añadiendo más interés popular a la competición. En el sorteo de individuales entraron 44 hombres y 21 mujeres, representando a 15 países, entre los que no se encontraban Alemania y EE.UU, que intentaron cambiar las fechas.
El sudafricano Louis Raymond ganó el oro ante su rival, el japonés zurdo Ichiya Kumagai en una exhibición de dejadas que sumó 57 64 75 64. A pesar de que suelo empapado por la lluvia plagó de problemas el torneo, se recuerdan algunos magníficos partidos.
La francesa Suzanne Lenglen fue la estrella de los individuales femeninos, quien se convirtió en una legendaria figura del momento. Su extraordinario talento, personalidad y elegancia de bailarina la hicieron destacar y mantenerse superlativa. La británica Dorothy Holman fue su última víctima en la final, cayendo tras un 63 60.
En el parisino verano del 1924 el protagonista fue el calor sofocante. Una vez más, la organización del evento tuvo bastantes problemas pues en lugar de dejarlo en manos de la Federación Francesa y usar uno de los mejores clubs de París, el COI seleccionó un terreno no apto para jugar tenis cerca del estadio de Colombes.
El equipo Americano fue uno de los primeros en llegar y observó horrorizado que era imposible jugar en las pistas y las condiciones de los vestuarios eran inaceptables. La acomodación masculina estaba media milla alejada de las pistas. Los “dormitorios” femeninos eran casetas de madera que estaban cerradas la mayor parte del día.
28 países, 142 competidores, entre 99 hombres y 43 mujeres, tuvieron que sufrir las condiciones extremas. Entre ellos se encontraban figuras de renombre como los franceses Jean Borotra, Rene Lacoste y Henri Cochet, o el estadounidense Vincent Richards. Aunque Lenglen todavía se recuperaba de la enfermedad por la cual no pudo competir en Wimbledon, los americanos enviaron a Helen Wills y Hazel Wightman. El contingente británico llego de la mano de la laureada en Wimbledon Kitty McKane.
La calidad tenística, sin embargo, estuvo presente en el torneo con Richards ganando el título masculino 64 64 57 46 62 frente a Cochet y Wills se coronaba por segunda vez tras ganar a la francesa Julie Vlasto 62 62.
-Continúa leyendo el tercer capítulo: Reincorporación